EL dato es tremendo: la mitad de los trabajadores asturianos están «insatisfechos» con sus condiciones laborales. La mitad. Uno de cada dos. El cincuenta por ciento. No sé lo que opinarán ustedes pero, para mí, eso es muchísimo. Podría parecer que estamos a las puertas de un estallido social, de una avalancha de deserciones masivas o de una fuga de trabajadores en busca de nuevos empleos. Y sin embargo, aunque sólo sea para quitarle algo de dramatismo a esta cifra, resulta que, al mismo tiempo, tres de cada cuatro de esos mismos trabajadores declaran estar «muy» o «bastante satisfechos» con su ambiente laboral.
¿Entienden ustedes algo? ¿Creen que miento? ¿Les parece que les doy datos contradictorios? Bueno, en cierta manera son datos contradictorios. Pero les aseguro que son reales. Son muy reales; están sacados -copiados, diría yo- del último barómetro europeo 2007 sobre clima laboral titulado 'Bienestar y motivación en el trabajo'. Son aplicables a toda España, se obtienen a base de encuestas y, además, les confirmo que mi sensación como empresario es exactamente ésa: la mayoría de la gente está bastante contenta con su trabajo pero, al mismo tiempo, la mitad de esa gente está bastante descontenta con su dinero. O, más en concreto, con la falta de dinero. O para ser concretos del todo: la mitad de los trabajadores asturianos están descontentos con la falta de dinero en su vida cotidiana.
Es decir, no es que los trabajadores asturianos consideren que su empresa en particular les paga poco. O que su oficio está mal remunerado. No. El problema principal es que a los trabajadores asturianos (igual que al resto de los españoles, pero no tanto al resto de los europeos) les gustaría ganar más. Es decir: poder gastar más y poder tener más dinero a fin de mes. Simplemente.
Pero no. No es tan simple. Porque, si la cosa quedara ahí, no habría mayor problema. Efectivamente, ¿a quién no le gustaría ser un poco más alto, más guapo, tener un equipo en Primera División o una cuenta corriente con unos cuantos ceros de más?
Eso, igual que el colesterol o las ganas de mejorar, forma parte de la naturaleza humana. Pero, como digo, no es tan simple. No nos conformamos. Y, en vez de intentar soluciones, nos dedicamos a buscar culpables para esta situación aparentemente tan contradictoria. ¿Y saben cuál termina siendo el principal responsable de esta contradicción entre «me gusta mi trabajo» pero «gano poco»? ¿Lo adivinan? Por supuesto: el principal responsable de que la gente trabaje a gusto pero gane poco es siempre el que paga los salarios. Y no me refiero al contable. No. Me refiero al empresario.
Parece evidente. Si la gente está contenta con su trabajo pero tiene poco dinero a fin de mes, la culpa tiene que ser de los empresarios. De esos señores que son unos tacaños. Vamos, de esos ricachones a los que, pudiendo pagar más a sus obreros, les gusta pagar poco. O que sólo pagan bien a sus amiguetes, a los directivos y a los enchufados. Y es que ahí la estadística también es tremenda. Me explico: sólo el 32% de los empleados está satisfecho con su remuneración; pero ese porcentaje sube hasta el 60% en el caso de empleados con cargos de responsabilidad. ¿Se dan cuenta? Lo que no aclara la encuesta es si la gente está más satisfecha porque tiene más responsabilidad o tiene más responsabilidad porque está más satisfecha
En fin. Por supuesto, no quiero frivolizar con estos temas. Ni tampoco hacer demagogia barata. Tener poco dinero y no llegar a fin de mes es una cosa muy seria. Ganar menos de novecientos euros es muy fastidiado. Y ser pobre de verdad es muy frustrante. Sobre todo si no puedes hacer nada para evitarlo. Por ejemplo, trabajar. Pero confundir el legítimo deseo de tener una cuenta corriente más desahogada con el descontento en el trabajo y llegar a convertir ese descontento en un clima de insatisfacción laboral generalizado me parece muy peligroso. Me parece injusto, frívolo, infantil y, además, creo que no lleva a ninguna parte. O, mejor dicho, sólo conduce a estar permanentemente descontento. O a confundir el enemigo.
Porque, desengáñense; la única manera de ganar más dinero pasa por conseguir que nuestras empresas ganen más todavía. Así de simple. Y si no me creen o sospechan que lo digo por avaricia o les parece que, como empresario, estoy arrimando el ascua a mi sardina, les diré que no es casualidad que el país de la unión europea con un índice más alto de insatisfacción laboral sea también el que tiene uno de los índices de productividad empresarial más bajos. ¿Adivinan cuál es? Pues eso: el nuestro.
¿Qué más quisiera yo, como empresario, que pagar el doble a todo el mundo! Pero, otro día, si quieren, hablamos de productividad. Es decir, de ganar más para poder ganar todos. O viceversa, que también me vale.