Miércoles, 11 de julio de 2007
Registro Hemeroteca

en

OPINIÓN

OPINIÓN ARTICULOS
La 'vuelta' de Bono
SE runrunea el nombre de Rodrigo Rato por los aledaños del PP en estas largas vísperas electorales, y La Moncloa, en un reflejo de equilibrios, responde sacando a José Bono a un primer plano de la actualidad. Si Rato es entre los populares el paliativo neoliberal/centrista aplicable a la derecha encallecida, Bono es el socialismo delicado que podría suavizar algunos ramalazos ligeramente radicales del Gobierno Zapatero. Ante un izquierdista tan pasional como el ministro de Justicia, Fernández Bermejo, o el nuevo de Sanidad, Bernat Soria, el ex presidente de Castilla-La Mancha y ex ministro de Defensa, gestor de la retirada de nuestras tropas de Irak, representa la imagen moderada del PSOE. Y si ayer el portavoz del Episcopado español, Martínez Camino, atacaba al ministro Soria desde una sorprendente ligereza -afirmando que «una ciencia sin conciencia no es ciencia; es un peligro para la sociedad»-, la entrañable amistad de Bono con los más altos e influyentes purpurados de nuestra clerecía vendría a transmitir de algún modo el mensaje de que a Cristo se le encuentra también, si se le busca, en la asignatura de Biología Molecular o en la de Educación para la Ciudadanía. Dicho de otra manera, Cristo no se refugia en la ortodoxia de nuestras jerarquías episcopales.

Pero si Rato, al que ya le ha buscado la UE un sustituto al gusto de Sarkozy, ni está ni se le espera de momento en la sede popular de Génova 13, José Bono no sólo es una de las cartas de futuro que juega Zapatero desde el presente sino que se ofrece y permite que le ofrezcan como presidente del Congreso en la próxima legislatura. Según un consejo de prudencia vigente en todos los países, no se debe vender la piel del oso antes de cazarlo, y da la sensación de que una euforia más bien desmedida en el PSOE, y perceptible en La Moncloa, está vendiendo ya la próxima legislatura sin habérsela ganado en las urnas. Y si a esa imprudencia en un país que gusta de jugar a los naipes para «apagar faroles» se añade la indelicadeza de adjudicar un cargo importante y actualmente cubierto, el tercero en el organigrama del Estado, con nueve meses de anticipación a una fortuna que no está garantizada, pues ¿qué torpeza!

El actual presidente del Congreso, Manuel Marín, está hasta el gorro de su trabajo, dado el alto número de 'hooligans' que producen los escaños parlamentarios, como en otros países, bien es cierto, pero tal vez con menos dotes de coherencia en el Parlamento español, donde se exhiben algunos diputados a los que a veces les falla su meninge sana. Realmente humillado Marín por cómo Zapatero y Bono planean la futura presidencia del Congreso, ayer dijo que no desea repetir la experiencia y que intentará buscarse una salida que no sea tan complicada como la esta legislatura, «porque, Dios mío, cómo ha sido esta legislatura». Y añadió con su sensatez habitual que ahora no es el momento de hablar de estas cosas, que el momento es al final de la legislatura, «que es cuando toca».

 
Vocento

Contactar | Mapa web | Aviso legal | Política de privacidad | Publicidad | Master El Correo


Canales RSS