Miércoles, 11 de julio de 2007
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OPINIÓN

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El último adiós a Jorge Álvarez Canal
Hace bastantes años, creo que en una concentración motera, conocí a una persona que durante el resto de mi vida significará mucho para mí.

Esa persona era un motero que se llamaba Jorge Álvarez Canal, con un corazón tan grande como su persona y eso que pasaba del metro noventa y de los 100 kilos. Amable, cariñoso, detallista, humano, inteligente, noble, amigo de sus amigos. Eso no quiere decir que haya sido perfecto, lo que intento expresar es que tenía más virtudes que defectos y vivió la vida, aunque corta, intensamente.

El día 23 de junio de 2007 fue vencido por el cáncer, eso no quiere decir que en algún momento se hubiera rendido a la mortal enfermedad. Nos dio una lección de cómo superar las adversidades, los malos momentos, las múltiples operaciones que fue intervenido a consecuencia de la metástasis, que cuando superaba un obstáculo, se le presentaban otros más difíciles de superar. Resignándose, instruyéndose e informándose de los pasos que seguiría la enfermedad, Jorge se adelantaba a la misma y debatía con los doctores que le atendían, dejándolos perplejos de cómo se podía llevar una enfermedad mortal, con tanta moral, animando a los que tenía a su alrededor que nos dejaba perplejos e insignificantes al ver la fuerza que desprendía, sus ganas de vivir y compartir con los que lo conocíamos.

Qué paradoja, su última concentración motera fue la de su funeral, así que esperamos haber estado a la altura en esta última salida.

En mi corazón sabes amigo que ocupas una porción y que los momentos que pasamos juntos, con nuestras mujeres y amigos, no se olvidarán jamás, siendo Jorge para el mundo, pero Jorjón para tus amigos del Moto-club Astures. Nos enseñaste que la vida hay que vivirla intensamente, compartir con la familia y amigos todo lo que se pueda, no hundirse con pequeños problemas que al final los hacemos como montañas, ser generosos y amables, aprovecharnos del día a día, ese que estamos viviendo de prestado, mientras otros yacen en el cementerio o en otro lugar.

Por eso, Jorjón, estés donde estés, siempre sentiremos tu presencia, tus risas y tu alegría que nos acompañará en nuestras rutas, hasta que volvamos a rodar de nuevo juntos.

Vssssssssssss y ráfagas para ti, estés donde estés.

 
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