Los responsables de la sociedad Pequeños y Medianos Astilleros en Reconversión -que encabeza su presidente, José Francisco González Viñas, quien preside a su vez el astillero gallego J. Barreras, y el consejero delegado, Antonio Sánchez-Jáuregui- expusieron ayer ante los responsables sindicales un escenario sin futuro para Naval Gijón. A la deuda financiera, se suman las pérdidas de la empresa, que con su último pedido -cuatro buques quimiqueros para el armador alemán Komrowski, perderá 16 millones de euros.
Por otra parte, ninguna de las compañías que se interesaron por Naval Gijón en los últimos meses, realizó una oferta seria por el astillero después de averiguar la situación financiera de la empresa y de conocer sus instalaciones, que requieren de importantes inversiones. «Los que se han acercado al astillero lo han hecho en plan carroñero», resumió el secretario general de la Federación del Metal, Construcción y Afines (MCA) de UGT de Asturias, Eduardo Donaire. Hubo tanteos por parte de Komrowski, de Knutsen, de otro armador noruego, de un grupo de empresas de la industria auxiliar asturiana, de la italiana Finvetta... Pero finalmente no hubo ofertas. Pese a los intentos de la dirección, Naval Gijón sigue sin dueño.
Desde octubre de 2005, la compañía pertenece a un consorcio formado por Barreras, Vulcano, Freire, Astilleros de Huelva y los vascos Balenciaga y Zamakona. Su administrador único, Pedro García Sanz, ha luchado hasta el final por sacar adelante la empresa.
Desde que la familia Orejas dejara la empresa hace diez años, el astillero ha pasado por numerosas manos. Después de Galo Baizán, su administrador único hasta abril de 2004, Javier Angelina encabezó la sociedad Dike Global que se hizo con las acciones de Naval Gijón. Un mes después, Miguel Aguiló, ex presidente de Iberia y de Astilleros Españoles y actualmente consultor de la constructora ACS, y su socio, Luis Vilches, ex director de la fábrica de motores de Izar en Manises (Valencia), 'desembarcaron' en el astillero de la mano de Dique Gijón y firmaron una opción de compra que nunca se ejecutó ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo económico.
Desde entonces, Pymar, que nunca ha dejado de tutelar el astillero, decidió que un consorcio se hiciera cargo de Naval Gijón mientras buscaba un accionariado (un dueño) que aportara un capital estable a la empresa.