Del Mediterráneo al Cantábrico, sin horarios ni kilometrajes establecidos», dice el libro de mapas de Enrique García. Es la «filosofía pedalista» de este minero retirado, que volvió 3 de julio a casa después de una aventura en bicicleta. Salió de Oviedo el 24 de junio con destino a Girona. En Figueras, delante del museo Dalí, se subió a la bicicleta y estuvo sobre ella ocho días. Su meta: Hondarribia a través de la cordillera Transpirenaica. Subió 16 puertos de montaña, incluido el Tormalet, a 2.115 metros de altitud; La Bonaigua; Formigal, en homenaje a José Manuel Fuente 'El Tarangu', que «ganó allí la Vuelta España de 1972»; Portalet hasta llegar a Saint Jean Pied de Port; y de ahí, a San Juan de Luz y Hondarribia. «Pero había muchos descensos», bromea.
Era la quinta vez que se adentraba en el país vecino. Pero en esta ocasión lo hizo entrando y saliendo continuamente de él. La frontera se pierde entre la cordillera, y eso era precisamente lo que él quería sentir: «la ausencia de barreras». Ni siquiera le pararon en el paso de Andorra, «si vas con bicicleta y mochila, no te dicen nada». Ese fue precisamente su «gran inconveniente»: los 7 kilos de equipaje imprescindible que tuvo que llevar con él.
Recorrió 1.040 kilómetros y no recuerda ningún percance. Su entrenamiento previo sirvió para poder cumplir su objetivo. Todos los días, este amante del ciclismo salió con la bicicleta por la zona central de Asturias. El fin de semana fue a Teverga, donde se entrenó más intensamente, sobre todo los dos últimos meses antes de embarcarse en su aventura francesa.
Cuenta su viaje y muestra planos del recorrido. Tiene un cuaderno con anotaciones e, incluso, un mapa en relieve con su ruta pintada en negro. Dice que no conoce a nadie que haya atravesado la cordillera como hizo él, pasando de un país a otro. Puede que sea el primero, «por internet no encontré a nadie que lo hubiera hecho», y eso le enorgullece: «Puede que ahora se anime más gente». Para ello, prepara su página web, donde colgará sus cuadernos de viajes y fotografías. Además, está dispuesto a ofrecer más información a los interesados a través de su propio correo electrónico vertega@hotmail.com.
El recorrido es intenso por las fuertes subidas y los 56 años de García, que, dice, ya le van pesando. Aunque acaba de llegar y ya piensa en su próxima escapada en bici. Será el próximo verano, pero más tranquila: la ruta del Cid o el Camino de Santiago «con un amigo». Sus compañeros de entrenamiento no se suman a sus travesías por «el equipaje», excusa. Viajó solo aunque informó continuamente a su familia de los recorridos.
García es aficionado a la bicicleta desde pequeño. Lo mamó de su padre «que nos llevaba en bici a cortarnos el pelo». Saca de su cartera una foto, de cuando sólo tenía 15 meses, un trofeo de ciclismo y delante de una bici. Este año ha hecho más de 1.000 kilómetros, más de 100 todos los días. Se montaba a las nueve de la mañana y se bajaba nueve horas después, con un descanso para comer. Ataviado con su maillot, «buen» 'culotte', zapatillas, guantes y casco, se ha hecho fotos, «80», gastado 1.000 euros en su travesía y conocido a otros aventureros. «Encontré a un serbio cuatro veces», sonríe, «y un francés me preguntó por qué hacía el viaje al revés». «Es que así cada día estoy más cerca de casa», le contestó. Ya está en casa y no vuele demasiado moreno a pesar de que en su travesía disfrutó de «buen tiempo». Está en forma, y mientras pueda seguirá encima de su bicicleta. Una de las cuatro que tiene. Por cierto, la más antigua data de 1926.