eñorita que toy pagando el busto con el que otro pasa a gusto y me replica
Santa Rita, Santa Rita...», cantaba el jugador Garbajosa junto a un coro compuesto por los campeones del mundo de baloncesto una madrugada de setiembre en Tokio. Mientras medio país se preguntaba si España tenía nuevo himno, Ricki López, sentado en el sofá de su casa de Palma junto a unos amigos, alucinaba. Era su canción. «Sentí lo mismo que una madre cuando ve a su hijo en la tele», dijo ayer antes de subirse al escenario del Palacio de Revillagidedo para presentar las canciones del que va a ser su sexto trabajo, 'Buenrollito', que se presenta oficialmente en septiembre.
Con la única compañía de su guitarra y su buen humor, el mallorquín llevaba más de una década 'dando el kante' -título de su anterior disco- antes de ser descubierto por los campeones. «Yo no tuve nada que ver con el triunfo», se apresura a decir antes de que la selección española de fútbol, tan necesitada de motivaciones, le reclame para subirles el ánimo. Si llegase el caso dice, con ironía, sentirse preparado. «La letra será más corta y con mucho oeoeoeoe», avanza.
El 'cantahumor', como gusta definirse, ya 'despechado' de la canción y del repentino éxito que no buscaba, quiere demostrar que se puede vivir dignamente de la música como lleva haciéndolo desde que eligió ese camino. «Esta es la tercera vez que actúo en Gijón y que yo sepa en las dos anteriores nadie popular había cantado mi canción», señala. Los meses siguientes al concierto de los baloncestistas en Tokio fueron una locura para el mallorquín. Visitas a radios, entrevistas y ofertas de discográficas de todo tipo que rechazó. «A mí todo esto me llega tarde. No quiero pegar un pelotazo fugaz y que, a partir de entonces, todo vaya a peor», dice el autor de la «canción del otoño», muy a gusto con sus conciertos en salas pequeñas (tras la gira de verano por toda España,volverá a Madrid a la sala Galileo).
Lo mejor de aquellos días para Ricki fue conocer a los campeones, «todos muy majos y con muy buen gusto», y recuperar muchos teléfonos perdidos. «Llevaba tiempo con el móvil desaparecido y gracias a las felicitaciones recuperé un montón de números», dice. En lo profesional lo más destacado fue «la posibilidad que me brindó de mostrar mi trabajo a un montón de gente».
Ricki, que se confiesa admirador de Javier Krahe, «por la calidad de sus letras y por su actitud artística», sólo canta las canciones que le gustaría oír. «La vida está llena de canciones, la pena es no tener alguna neurona más para componerlas». Del 'Busto es mío', la que le llevó a la fama, no se siente más orgulloso que de otras muchas y -aclara- que no es autobiográfica: «Yo sólo tuve que pagar una operación de miopía a una novia y me dejó nada más salir del quirófano cuando recuperó la vista». La miopía por el número de admiradoras que visitan su web (rickirubio.com) parece haber invadido la red.