«Los robots están muy presentes en nuestras vidas». Juan Viña, estudiante de Ingeniería Técnica Industrial, en la especialidad de Electrónica, opina que la gente percibe a estos ingenios «como algo futurista, que aún no ha llegado; pero no es así, ahora están a la orden del día. Por ejemplo, en EE UU han desarrollado un modelo de aspiradora, la 'Roomba', que hace el trabajo ella sola».
Juan, de 26 años, fue uno de los 30 alumnos asistentes al curso de verano de la Universidad de Oviedo titulado 'Microbótica: aplicación al desarrollo de microrrobots móviles'. Este taller «ha sido todo un éxito», asegura, «porque todos, tanto profesores como estudiantes, somos entusiastas de este tema».
A lo largo de una semana y de manera intensiva, el curso pretendía «ampliar los conocimientos de los futuros ingenieros sobre electrónica, regulación, control y microprocesadores», en palabras de Juan Ángel Martínez Esteban, director del taller.
La microbótica es una rama de la robótica que investiga sobre máquinas más pequeñas. Y el curso, explicó, «ha tenido una demanda tremenda. Se presentaron más de cien solicitudes, pero sólo había 30 plazas. Los siete profesores que participamos en este proyecto estamos pensando en ampliarlo para el verano que viene, dado el interés que ha despertado».
Durante una intensa semana, concluida ayer, se combinaron las clases teóricas con las prácticas, señala el director del taller, con el fin de poder llegar a desarrollar unos pequeños robots básicos. Se formaron equipos de tres personas, encargado cada uno de hacer funcionar un microbot. «Para fomentar la iniciativa de los chavales y valorar el nivel de su trabajo, los profesores decidimos organizar un concurso en el que los robots compitieran entre sí. Para colmo no les dijimos cómo serían las reglas del torneo hasta ayer, por lo que encima tuvieron que dar muestra de su capacidad de improvisación», explicó Martínez Esteban.
La competición consistió en una serie de eliminatorias en la que ganaba el robot, de un total de diez, que encontrara más rápido la salida de un circuito redondo. «El mérito estaba en que los artilugios tenían que ser capaces de 'ver' el camino gracias a unos sensores y un 'software' especialmente programado por los estudiantes», indicó.
Victoria de 'Punki'
Los alumnos, procedentes de titulaciones diversas, como Informática, Ingeniería Industrial y Telecomunicación, tuvieron una semana para finalizar la construcción y programación de sus máquinas. «Muy poco tiempo», en opinión de Adrián Bulnes, de 20 años. Este futuro ingeniero confiaba en que su artilugio iba a funcionar, aunque era un tanto escéptico sobre la competición: «No creo que ganemos. Nos ha faltado dejar bonito este aparato, ponerle unas luces y eso».
Cipriano Álvarez, estudiante de Ingeniería Técnica Electrónica, destacaba «la complejidad de esta tecnología. Programar un aparato como éste adecuadamente puede llevar muchas horas. Estas máquinas no son autómatas, que sólo realizan una labor simple; deben ser capaces de desarrollar acciones más complejas», aseguraba.
El triunfo se lo llevó el robot 'Punki', que derrotó a 'Tustra' en una emocionante final. Los creadores del ingenio, Alfonso Moro, Adrián García y Alfonso Flórez, se llevaron como recompensa un reproductor de MP3. Otro artilugio, aunque mucho más popular.