Por tercera vez en lo que va de año, y pese a las reiteradas amenazas de veto presidencial, la Cámara de Representantes aprobó (223-201) un proyecto legislativo para retirar la mayoría de las tropas del Pentágono en Irak antes del 1 de abril de 2008. Una iniciativa que la próxima semana será debatida por el Senado y que ilustra el pulso entre el Legislativo de mayoría demócrata y el Ejecutivo republicano por la autoridad del presidente Bush como comandante en jefe, cuestionada con una virulencia no vista desde la guerra de Vietnam.
Correligionarios del presidente Bush en el Senado se enfrentan ahora al dilema de cómo expresar su preocupación por la marcha de un conflicto en el que de acuerdo al último informe remitido por la Casa Blanca al Congreso no existen muchos indicios para el optimismo. Con todo, los conservadores en la Cámara Alta no parecen dispuestos a sumarse a la opción de poner en cuestión de 120 días fecha de caducidad a la masiva presencia militar de Estados Unidos en Irak, dejando tan sólo un limitado contingente para misiones de protección, entrenamiento y lucha anti-terrorista.
En cualquier caso, demócratas y republicanos con dudas no suman los dos tercios necesarios para superar un veto presidencial. Matemática que no parece importar a los líderes demócratas en el Congreso, que quieren aprovechar este verano para repetir cuantas veces sea posible su oposición a la estrategia bélica de la Casa Blanca en Irak. Según indicó la 'Speaker' Nancy Pelosi, «repetiremos ese juicio legislativamente tan a menudo como sea necesarios hasta que la fuerza del pueblo estadounidense provoque un cambio del presidente».
Marcha atrás
Dentro de las posibilidades contempladas para presionar a la Casa Blanca figuran propuestas para prohibir el establecimiento de bases permanentes del Pentágono en territorio iraquí o investigaciones adicionales sobre corrupción y malgasto en contratos públicos. Además de la opción de dar marcha atrás en la bipartidista autorización inicial que el Legislativo contendió a la Administración Bush para el uso de la fuerza en Irak. A juicio del líder de la minoría republicana en la Cámara Baja, John Boehner, estas maniobras «convierten a nuestras tropas en títeres de una batalla política partidista».
Los republicanos leales a la Casa Blanca asumen el argumento presidencial de que para tomar decisiones hay que esperar por lo menos hasta el informe que a mediados de septiembre presentarán el general David Petraeus y el embajador Ryan Crocker, los máximos representantes de Estados Unidos en Irak. Calendario que coincidirá con la votación del presupuesto militar para 2008, lo que presenta la oportunidad para introducir toda clase de enmiendas vinculantes.
En este frente ha trascendido que los destacados senadores republicanos John Warner y Richard Lugar están redactando una de esas enmiendas para forzar un cambio en la estrategia bélica de la Casa Blanca. En su tercer borrador, el texto redactado por los ex presidentes de las comisiones de Defensa y Exteriores en la Cámara Alta contempla una reducida presencia militar en Irak a través de una serie de fechas concretas. Aunque según ha avanzado John Warner, «en deferencia al presidente, creo que es importante que esperemos hasta septiembre».