Sábado, 14 de julio de 2007
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El espía del Universo
Abierto anoche el Gran Telescopio Canarias, el más grande del mundo, que estudiará el origen del cosmos y buscará planetas como la Tierra
El espía del Universo
ASTRONOMÍA. El nuevo telescopio, que también cuenta con participación extranjera. / E. C.
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El que será el ojo más grande del mundo dentro de un año se abrió la pasada medianoche a 2.400 metros sobre el nivel del mar en la isla canaria de La Palma. Su pupila apunta al cielo. Su objetivo es desentrañar los secretos del Cosmos: ver los objetos más distantes y, por consiguiente, más antiguos, el nacimiento de estrellas, los cuásares, los agujeros negros... y buscar planetas similares al nuestro que orbiten alrededor de otros soles.

El Gran Telescopio Canarias (GTC) es la mayor apuesta de la astronomía española. Ha costado ya 104 millones de euros -cuando esté en pleno funcionamiento serán 130- y 7 años de trabajo desde que el Príncipe de Asturias puso su primera piedra el 2 de junio de 2000. Felipe de Borbón regresó ayer al Observatorio del Roque de los Muchachos para presidir la recepción de la primera luz por parte del espejo primario, el equivalente de la botella de champán estrellada contra el casco para los barcos.

Fue a las 23 horas en Canarias, a medianoche en la Península, cuando se abrió la cúpula del observatorio: el telescopio apuntó al cielo, la estrella Polar se reflejó en las 12 teselas hexagonales del espejo principal ya colocadas -el equivalente a una espejo de 4,5 metros- y las imágenes se fundieron en una. Queda un largo año de ajustes y calibraciones del instrumental y del sistema de control informático antes de que el telescopio haga ciencia.

Nuestra pólvora

El GTC es un proyecto promovido por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), en el que han participado como socios el Gobierno autónomo y el central, además de dos instituciones extranjeras. El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México y la Fundación para la Investigación de la Universidad de Florida costean, cada uno, un 5% del telescopio, lo que les da derecho a disponer de un 5% del tiempo de observación para sus científicos. Como nuestro país ha financiado el 90% del proyecto, tiene reservado un porcentaje similar en tiempo de observación, lo que nos permitirá escalar puestos.

«Hasta ahora, hemos disparado con pólvora de otros. El gran salto que ha dado la astronomía española en las últimas décadas, que hemos pasado de nada a estar entre los primeros países del mundo, se ha hecho gracias al cielo de Canarias y con instrumentos extranjeros. Ésta es la primera vez que España se gasta dinero en serio en astronomía. Además, conseguimos que España siga en Primera», explicó ayer a este periódico, Francisco Sánchez, director del IAC.

La astronomía óptica se basa en la capacidad de los telescopios para captar la luz. Cuanto más grande es el espejo primario de uno de estos aparatos, más luz capta y más información pueden extraer de ella los investigadores. El problema es que existe un límite tecnológico a la hora de fabricar un espejo, que ronda los ocho metros, y, además, transportar una pieza de esas dimensiones hasta lo alto del Roque los Muchachos entrañaría enormes dificultades. Esos inconvenientes llevaron a los responsables del proyecto canario a apostar por un espejo primario segmentado.

La pupila del telescopio español tendrá dentro de un año 10,4 metros de diámetro y se habrá construido como un rompecabezas de piezas hexagonales, cada una de 1,9 metros de diámetro, 8 centímetros de grosor y 470 kilos. El espejo principal pesará 18 toneladas y las piezas no estarán separadas entre sí por más de 3 milímetros. Las 42 teselas -36 colocadas y 6 de repuesto- han sido fabricadas en Alemania y pulidas en Francia con un límite de error de 15 nanómetros, 3.000 veces menos que el grosor de un cabello humano. El GTC contará, además, con otros dos espejos menores -llamados secundario y terciario- que redirigirán la luz captada por el telescopio a los diferentes instrumentos.

El telescopio usará dos técnicas especiales para que esa luz dé imágenes de calidad que permitan a los astrónomos ahondar en el conocimiento del Universo. Se conocen como óptica activa y óptica adaptativa. La primera actúa sobre el espejo primario y es un sistema informático que garantizará que, cuando el telescopio siga un objeto astronómico cualquiera, los 36 segmentos se muevan y se deformen para permanecer correctamente alineados y evitar aberraciones. La óptica adaptativa convertirá al GTC en un telescopio espacial, ya que eliminará las perturbaciones producidas por la atmósfera terrestre. «La diferencia que introduce esta técnica es comparable a la que existe entre mirar algo que está en el fondo de una piscina con agua o sin agua», explica José Miguel Rodríguez Espinosa, director científico del proyecto.

 
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