Sábado, 14 de julio de 2007
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Café literario
Un libro describe el ambiente y las tertulias en torno al Gijón, icono cultural de la España contemporánea
Café literario
LECTURA. Una mujer lee y toma el café en el popular local madrileño. / EFE
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Sus veladores han acogido tertulias y recitales, numerosas disertaciones, sosegadas e iracundas, sobre todo lo divino y lo humano, el pensamiento y la política, el arte y la literatura. Hace cien años, cuando Gumersindo García denominó Café Gijón a aquel establecimiento que inauguraba en el madrileño Paseo de Recoletos, su intención era homenajear a la tierra de origen con un pequeño negocio de hostelería emplazado en el corazón de la capital. Hoy, un libro relata su historia en las últimas décadas y evidencia su importancia dentro de la cultura española en el siglo XX. 'Ronda del Gijón' (Aguilar), iniciativa de Marcos Ordóñez, recoge los testimonios de algunos de sus clientes habituales. Escritores, periodistas, actores y directores de cine relatan, con abundante ironía, la grandeza y miseria cotidianas, los pequeños deseos y grandes ambiciones en torno a un taza humeante y una copa.

Los testimonios recogidos se remontan a la posguerra y al protagonismo de un colectivo de poetas que se reunía al fondo del local. La tertulia de 'Juventud creadora', impulsada por José García Nieto, reunía a los escritores que querían revitalizar el desolado panorama narrativo posterior a la contienda y su convocatoria se mantuvo hasta la llegada de la democracia.

El libro también recuerda a Don José, su dueño en aquellos años, posteriormente arruinado por la ludopatía, y a personajes pintorescos como Manolo Luna, un camarero que prestaba dinero bajo la bandeja y que hizo con una colección de obras de los artistas deudores. Entre las anécdotas que se relatan, sobresale la sorprendente aparición de Truman Capote, que quiso compartir también sus penalidades con los menesterosos autores.

Además de narradores, el Gijón también lo frecuentaban dramaturgos como Antonio Buero Vallejo, escultores de la talla de Cristino Mallo, y personajes del teatro, entre los que se cita a dos jóvenes promesas de la época, Adolfo Marsillach y José María Rodero.

Los ochenta revolucionaron la noche capitalina y provocaron cierto revuelo en el café. Chaperos y yonquis se sumaron a las tribus asentadas y, una noche, la ultraderecha más recalcitrante lo tomó y obligó a cantar el 'Cara al sol' a toda la parroquia. La normalidad democrática provocó cierta laxitud, aunque cuenta Maruja Torres que las convocatorias públicas a raíz del 11-M reverdecieron el espíritu progresista de los tertulianos. En cualquier caso, ya nada es lo mismo en aquel bastión de libertad en una España reprimida. Pese a todo, sigue teniendo una gran fuerza de atracción.

 
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