La revisión de la historia es una de sus obsesiones, mirar atrás para adelantarse a lo que va a venir, «porque aunque nada cambie, leer te hace tener más profundidad en la mirada». Una novela de Ignacio del Valle es un viaje por el tiempo. Aunque hable del amor descarnado de pareja como en su cuarta novela 'Como el amor no transformó el mundo', cuenta historias entrelazadas que trascienden las páginas para adentrarse en el mundo de lo personal.
'El tiempo de los emperadores extraños', su último trabajo publicado, ha recibido mención especial del premio Hammet dentro de la Semana Negra. Se siente afortunado, «este es uno de los premios con mayor reconocimiento a nivel internacional. Significa mucho para cualquier escritor alzarse con algún galardón».
Ésta, como sus anteriores novelas, es una historia tremendamente visual. Sus libros son perfectas secuencias cinematográficas que nacen en su cabeza y llegan al lector. Su último trabajo será llevado en breve a la gran pantalla, aunque de momento «lo dejaremos en que estamos buscando productor». La obra de este escritor está contaminada por el cine, «trato de contar con la máxima sencillez historias profundas y tenerlas visualmente en la cabeza me ayuda a ello». Quizá el cine y la literatura no puedan variar el rumbo de la historia pero «los libros me han abierto muchas ventanas desde que era niño».
Reivindica la condición de lector antes de ser escritor, porque «los grandes fueron antes lectores». Aunque hay que poseer un «don», debe cultivarse porque la gracia divina la poseen muy pocos. Pero Del Valle asegura que ante todo la literatura tiene que entretener si no, no tiene sentido: «Yo escribo porque me lo paso bien, pero escribo ocho, doce, veinticuatro horas. Ser escritor es un oficio que te llevas a todas partes».
Reconocido en numerosas ocasiones, este escritor asturiano prefiere que le lean, como ahora, 16.000 lectores «a cualquier premio. Aunque hay galardones que tienen prestigio porque se alejan del puro marketing».
Nada sagrado
Sin embargo, para un escritor que empieza los premios ayudan a asentarse en «este difícil mundo que no regala felicidad». Él la busca fuera, en sus amigos, en su familia, en los amantes, «la literatura es únicamente un medio de entretenimiento. Hay gente que la sacraliza pero eso son tonterías». Y continúa: «El escritor no es más que un ser solitario que pasa muchas horas aislado, creando un mundo, unos personajes y un época que tienes que mantener en tu cabeza durante dos años con todas sus reglas. Mentalmente es bastante agotador». Agota tanto que no hay descanso posible, en mitad de una novela ya se piensa en la siguiente. «La página en blanco debe temernos, siempre estamos incordiando».
Del Valle está terminando su séptima novela, una revisión por el complejo mundo audiovisual del siglo XXI, que a él gusta llamar «el signo de los tiempos». Es un campo que él conoce bien. Colaborador de EL COMERCIO, afirma que la comunicación hoy en día está «coartada por criterios comerciales y políticos. Hay que ser muy sutil para pasar por el medio y ser tú mismo».
Tal vez por eso, la escritura sigue cautivándole más que los medios de comunicación. No sabe cuándo ni por qué sintió la necesidad de ser escritor, es algo que surge, es «una especie de canibalismo por consumir libros». La escritura fue su siguiente paso y espera dar muchos más.