Recién llegada de la corresponsalía del grupo Vocento en Nueva York, Mercedes Gallego se dispone a comenzar las vacaciones en Cádiz cerca de su familia. Son apenas las doce del mediodía y ante un auditorio de gente joven, Mercedes habla de su experiencia a lo largo de los últimos ocho años.
-Ahora vive en Estados Unidos, ¿interesa allí lo que pasa en el resto del mundo?
-Lo que ocurre fuera de sus fronteras interesa poco. Sin embargo, existe una parte densa de información internacional al tener el país metida la mano en todos los gobiernos del mundo. Ahora no lo hacen como en los años 70, pero presionan según el gobierno que quieren que haya en cada lugar.
-¿Existe realmente África en los mapas de los medios de comunicación?
-Es el gran olvidado de los continentes por los medios. No tienen ningún interés en ella y no invierten en corresponsales en la zona. Es un error por su dimensión y porque es imposible que el mundo occidental continúe su desarrollo si no consigue enganchar al continente al carro.
-¿Ocurre lo mismo con Asia?
-Se está abriendo un hueco ella misma. Cualquier periódico contempla hoy un corresponsal en China, hace diez años eso era impensable.
-Escribió un libro en el que contaba su dura experiencia en Irak...
-Cuando vas a la guerra estás mentalizado de que te juegas la vida, pero no de la falta de entendimiento que vas a sufrir, de la soledad que sentía rodeada de tanta gente y que, a la vez, sentía tan lejos de mi. Me pasó con los marines, pero también con los periodistas norteamericanos.
-¿Confirma la premisa de que son los medios de comunicación los que marcan la agenda informativa?
-El conflicto que no aparece en los medios no existe. Si no aparece, a nadie le importa. Cuando los medios están ahí lo presentan y le dan visibilidad, la opinión pública fuerza a los gobiernos a actuar y pueden ser decisivos a la hora de decidir la suerte de un conflicto. Es un crimen dejar a algunos pueblos olvidados.
-Casi una década como corresponsal, con la perspectiva de los años ¿esto es lo que pensaba?
-De las muchas coberturas que he hecho lo que siempre me ha impactado es como la tragedia llega a sitios occidentales donde la gente se ha creído inmune. Lo hemos visto en México con los terremotos, en España y en Estaos Unidos con los atentados terroristas. En general, me siento decepcionado por el camino que siguen los medios de comunicación, son un reflejo del capitalismo, se está invirtiendo menos en ellos y hay productos de menor calidad. Cada vez se hacen más informaciones por medio del mando a distancia y por teléfono. Eso lo está sufriendo el lector y la sociedad porque, al final, formamos a la gente.
-¿Cómo ha afectado la profesión a su vida?
-Hay dos tipos de corresponsales: los que se instalan y viven en un suburbio americano y los que se entregan a la profesión. Yo he sacrificado mi vida personal por esta profesión. A medida que pasan los años te das cuentas de que has dejado pasar un tren como consecuencia de las elecciones que has hecho, incluida la de formar una familia.
-¿Y ha merecido la pena?
-Lo tendré que decir al final de mi vida, pero los trabajos son trabajos.
-Hace unos años expresó la voluntad de su compañero muerto en Irak, Julio Anguita Fuentes, ¿aquello ha traído consecuencias?
-De entrada me ha cerrado las puertas de uno de los tres periódicos nacionales que hay en España, un 30% de mis posibilidades laborales. Te crea un estigma de persona complicada que va a decir lo que piensa. Eso es algo que a ninguna empresa le interesa pero la gente es lo primero y los amigos más.