Café con libros Ana: -Y sin embargo pocos libros más apasionantes. Carmen Conde, durante el franquismo, tuvo que esconder un doble secreto, o hacerse perdonar una doble culpa: su pasado republicano, su gran amor por otra mujer.
Martín: -No sólo descubre José Luis Ferris los secretos de Carmen Conde. A mí me ha divertido mucho leer las cartas apasionadas que Ernestina de Champourcin le escribía y los versitos que le dedicaba. Como todas las cartas de amor, ya lo decía Álvaro de Campos, son conmovedoramente ridículas.
Ana: -Lo curioso es que Carmen Conde, para seguir escribiéndola en el mismo tono, le hizo prometer que rompería inmediatamente, tras leerlas, todas su cartas. Y así lo hizo Ernestina, pero ella las conservó cuidadosamente.
Martín: -Carmen Conde estaba orgullosa de su vida, no se avergonzaba de nada de lo que el franquismo le obligaba a ocultar. Por eso guardó todos sus papeles íntimos. Esperaba un biógrafo que nos la mostrara en toda su hermosa verdad.
Alfonso: -A mí lo que más me ha interesado de este libro no son los secretos de alcoba, más o menos jugosos, que revela, sino el retrato de la mujer nueva que presenta. Carmen Conde ha de ganarse la vida desde la adolescencia, estudia para maestra, se da a conocer muy joven como escritora, funda la Universidad Popular de Cartagena durante la República. En la guerra civil trata de evitar los desmanes de las hordas que tanto daño hicieron a la causa popular. Una de las acusaciones al terminar la guerra fue que había participado en la quema de la iglesia de Santa María de Gracia, el 25 de julio, cuando fueron destruidas algunas de las más célebres esculturas de Salzillo.
Martín: -Y ella estuvo allí, pero para tratar de evitar aquella acción. La acompañaban algunos jóvenes estudiantes, pero no solo no consiguieron nada sino que incluso peligró su vida.
Ana: -Carmen Conde se casó con otro escritor, Antonio Oliver Belmás, y la historia oficial habla de un gran amor y de un apoyo constante. Antonio Oliver sería el mentor, el primer crítico, el escritor que sacrifica su propia obra para apoyar la de su mujer. La verdad es muy distinta. Trató de someterla a los estereotipos de la época, pero ella no se dejó domar. A comienzos de 1936 conoció a Amanda Junquera Butler, una mujer rica y culta casada con el catedrático Cayetano Alcázar. Primero hubo admiración, luego un amor que duró toda la vida. No lo ocultaron, o no lo ocultaron demasiado. Al marido de Amanda no pareció importarle (incluso puso sus influencias oficiales al servicio de Carmen Conde y de sus amigos republicanos); Antonio Oliver lo llevó de peor manera, pero no tuvo más remedio que resignarse. Los mejores poemas de Carmen Conde tienen como protagonista a Amanda, en ocasiones con las veladuras que exigía la época, pero otras veces directamente, como en el 'Canto a Amanda', escrito en 1945 y publicado privadamente en 1951: «Los años que transcurren junto a ti / son sueño del que nunca he despertado / sin el hallazgo, Amanda, de tus ojos».
Martín: -Curiosamente Amanda y su marido vivían en la calle Vellintonia en el piso superior de la casa de Aleixandre. Esa fue la residencia también de Carmen Conde, primero compartiéndola con el matrimonio, luego las dos mujeres solas.
Ángel: -El triunfo mayor de Carmen Conde vino cuando la nombraron académica. Ese fue el gran sueño de Emilia Pardo Bazán, de quien se acaba de editar una antología de cuentos, 'La maga primavera', que incluye uno inédito.
Ana: -Emilia Pardo Bazán consiguió todos los honores posibles, salvo ser académica. ¿Cómo la odiaron las grandes figuras de su tiempo, de Clarín a Menéndez Pelayo! Quiso ser una intelectual sin dejar de ser una dama. Las noticias periodísticas sobre sus intervenciones públicas nunca dejaban de aludir a su atuendo. La prologuista, Marta González Megía, cita una noticia de 'Las Provincias' en la que se indica que «se presentó luciendo un riquísimo traje alto, de raso blanco, con encaje de Inglaterra, y ostentando valiosas alhajas, entre las que llamaba la atención una lindísima rivière de brillantes y gruesas perlas».
Marcos: -Al publicar una de sus novelas, me parece que 'La Tribuna', causó un gran escándalo, entre otras cosas porque describía un parto, algo al parecer impropio de una señora. Los socios del casino al que acudía su marido criticaron el hecho y este acudió a casa hecho una furia. Le dijo que tendría que escoger entre él y la literatura. Y ella cogió las maletas y se marchó a Madrid. Escogió la literatura y el amor de Galdós y vivir a su aire... Hace falta valor para hacer en aquella época una cosa así.
Martín: -Pero también mandó la novela a Roma para que la curia vaticana acreditara su moralidad. Emilia Pardo Bazán no era una revolucionaria, respetaba los valores de su tiempo; solo quería para la mujer los mismos derechos que para el hombre.
Ana: -¿Y te parece poca revolución? En aquella época no podían imaginarse nada más subversivo, más «antinatural».
Ángel: -Yo creo que el interés actual por Emilia Pardo Bazán no tiene demasiado que ver con sus méritos literarios. Lo que se valora es su feminismo. No he leído a Carmen Conde, ¿vale la pena? ¿O es sólo un figurón prestigioso para uso de lesbianas?
Ana: -¿Qué bruto!
Martín: -A mí me parece que escribió demasiado y que la mayor parte de lo que escribió vale poco, no ha resistido el paso del tiempo. Quizá se salven algunos poemas.
Marcos: -No puedo hablar de Carmen Conde porque apenas la he leído, pero todo lo que escribió Emilia Pardo Bazán tiene interés, aunque algunos de sus textos estén apresurada y algo chapuceramente escritos, como señalaba Clarín. El vigor de la expresión compensa de sobra la falta de ciertos primores de estilo.
Ana: -Hay un cuento suyo, no sé si se recoge en esa antología, que a mí me parece ejemplar. Se titula 'El encaje roto'.
Ángel: -Está, está.
Ana: -Una mujer se niega a casarse en el mismo altar, con el escándalo consiguiente. La narradora no estuvo allí, pero se imagina la insólita escena. Algunos años después se encuentra a la protagonista en un balneario y esta le cuenta la razón de aquella negativa, que nadie se explica. Leed ese cuento, son dos o tres páginas. Parece mentira que, en pleno siglo XIX, pudiera escribirse algo tan sutil y tan verdadero.
Ángel: -El cuento inédito que da título al conjunto, en cambio, no vale nada; ni siquiera es un cuento.
Alfonso: -No sé si se ha subrayado el valor histórico que tienen los relatos y los artículos de Emilia Pardo Bazán. Son como el vaciado de una época, están llenos de pequeños detalles exactos. Un relato suyo dice más sobre su tiempo que cien monografías.
Ángel: -Yo sigo creyendo que el interés por ella, o por Carmen Conde, tiene que ver sobre todo con la moda de los estudios sobre la mujer.
Ana: -¿La mujer no es una moda! ¿Es media humanidad!