La demarcación de Tolivia, en el concejo de Laviana, posee algunas peculiaridades literarias que resaltó nuestro escritor de guardia, Armando Palacio Valdés. Pero en lo que a la actualidad se refiere, ese perímetro nos trae reverberaciones de distinta cuerda, como las que tañe el arte musical.
De Tolivia o sus alrededores eran 'Los Berrones y aquel agro-rock que despeinaba las varas de hierba. Va en gustos. Uno acaso prefiriera acordes igual de iconoclastas, pero con letras más sustanciales.
No obstante, ahora, en ese radio de acción, la melomanía ha ido in crescendo. Del agro-rock, han derivado hacia el jazz. 'Tolivia Rural Jazz' es la propuesta, inspirada y animada por la Agrupación Cultural 'Amigos de la Música' de Laviana.
Siendo la primera edición -y escribiendo estas líneas antes de que los saxofonistas salgan al escenario, por así decir-, ignoro cuál sea la respuesta del público amante de Ella Fitzgerald, que aquí encuentra emulaciones en Paloma Berganza o Terela Gradin, pero ya de por sí resulta estimulante la iniciativa. Máxime, después del destierro que sufrió en Langreo el 'Derrame Rock', el cual, como se sabe, ha trasladado la pelvis y los timbales a otro concejo asturiano. La música, en Pravia.
Tampoco habríamos de omitir la paradoja de que al tiempo que en las estribaciones del Valle del Nalón se puede empezar a soñar con la presencia del gran Solomon Burke, Isaac Turienzo o la banda del mismísimo Woody Allen, en la ciudad capitalina que ha erigido una estatua al último se haya prohibido el Festival de Jazz, pues era mucho el ruido.
Es posible que en los parajes recoletos de Tolivia no le tengan tanto temor a la contaminación acústica. O que no confundan las semifusas y el alboroto.
Esto va así. Los hay tan pintorescos que serían capaces de censurar el canto gregoriano en el monasterio de Silos, no fuera a ser que se perturbara el voto de silencio de los monjes benedictinos.
De modo que lo único que nos cabe es bendecir -en la medida de nuestras profanas fuerzas- la sensibilidad que ha patrocinado esta orquestación en el extrarradio del Valle del Nalón.
Al fin y al cabo, el rock, el blues o el jazz, son historias que comenzaron en un margen.
Y que las partituras duren muchos años y ediciones.
Amén.