Domingo, 15 de julio de 2007
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Ciclismo
Gerdemann vacía a Landaluze
El corredor del Euskaltel, junto con David de la Fuente, rozó otra vez la victoria, pero los dos no pudieron con el líder del nuevo ciclismo alemán
Gerdemann vacía a Landaluze
PROTAGONISTAS. Landaluze y De la Fuente se colocaron segundo y tercero en la general. / Efe
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Todos corrieron hacia los Alpes. Vinokourov no. Él cubrió ayer el trayecto que va de ser víctima a recuperar la categoría de candidato. Etapa paralela. Kazajo resucitado. Sobrevivió bajo la vista de La Colombiere, con los grilletes aún de las vendas que le puso la caída del jueves, con esa camisa de fuerza atada a su piel por puntos de sutura. Nadie hurgó en su herida. El resto de los favoritos convirtió el debut alpino en una jornada de compromiso. De tregua y miedo. Tampoco apretaron el coxis molido del otro líder del Astaná, Kloden, instalado en el dolor continuo. Nadie quiso romper el sello del Tour y abrir el sobre con la lista real de 'nominados' para el podio de París. Lo aplazaron a hoy, en la cima de Tignes. Sólo un día más tarde. Pero 24 horas más para la reconstrucción de Kloden y de Vinokourov. Otro plazo de regalo para cerrar las grietas de su piel.

La etapa no fue para ninguno de los favoritos: ni Valverde, ni Moreau, ni Evans, ni Mayo, ni Contador, ni Schleck, ni Sastre, ni Karpets, ni Menchov. Fue para los que la buscaron. Landaluze anda siempre a vueltas con el reloj. Tiene su propia versión de la puntualidad. No atina. Es su costumbre: llega tarde. Le pasa en casa y en la bici. Tiene su palmarés orlado de segundos puestos. Ciclista de plata, nunca de oros. Ayer, aleccionado por su biografía, madrugó.

El ciclista del Euskaltel fue el punto de apoyo de todas las fugas. Omnipresente. Quería asiento de primera ante el tribunal de piedra de La Colombiere. Nada de seguir en su butaca de segunda fila. El equipo naranja subió también a Rubén Pérez a esa fuga. Dos, en compañía de Iván Gutiérrez, De la Fuente, Flecha, Savoldelli, Fofonov... y Gerdemann, un alemán de nuevo cuño. Vaciado en el molde de la escuela germana: fino, poderoso, completo. Ya lo anunció Riis cuando lo tuvo en 2005 en el CSC: «Es el mayor talento del ciclismo alemán desde Ullrich». Ahora, dos años después, ocupa en el T Mobile el lugar del ídolo tachado por el dopaje. La nueva camada. Gerdemann supo elegir: dejó el CSC por no estar oculto bajo Basso; prefirió ser el nuevo faro del buque insignia del ciclismo alemán. Desde ayer, por delante de Landaluze y De la Fuente, es el líder del Tour.

Para eso tuvo que vaciar al vizcaíno. Ahí también eligió bien. Gracias a Rubén Pérez, la diferencia de la fuga era tal que desactivó al pelotón. Ni el antiguo líder Cancellara, motor del CSC, puso soldar el hueco con los escapados. El temor entre los dorsales ilustres les anestesiaba. Había ambiente de renuncia. Y lo aprovecharon los fugados: primero Gutiérrez y De la Fuente, y luego Fofonov y Gerdemann. En la primera cuesta de verdad, en La Colombiere.

Mientras el Tour de los favoritos se frenaba, se oyó el chasquido en el cambio de piñones de Gerdemann. A los otros, La Colombiere se les vino encima. Menos a Landaluze. Ahí, a su ritmo. Con el dolor de la fatiga subiéndole por los pedales. Pero sin dejar que le llegara a la gartanta. «Regula», le decían desde el coche. Graduó hasta que pudo. Incluso, un par de manos llegadas desde la afición vasca le propulsaron. Se alivió también en los aspersores del público que copaba el puerto, entregado en el 14 de julio, la fiesta nacional gala. Y recortó el hilo del alemán hasta que medía sólo 18 segundos. Justo en la cima. Ahí, miró hacia abajo, hacia la meta de Le Grand Bornand. Aplastada bajo la montaña. Como sus piernas. Así las sentía. «Iba muerto».

Nuevo mesías alemán

Landaluze bajó al volante de su féretro. Delante, Gerdemann componía el perfil de un puño soldándose con su bicicleta. Con los dientes en el manillar. Recogido en las rectas y explosivo en la arrancada. Fluido en los giros. Entró en la meta negando con la cabeza. Incrédulo. «Ya vendré a por la general del Tour en el futuro. Aún no». Quizá sea el alemán providencial. El mesías que reclama su ciclismo para salir del confesionario de Zabel, Riis y Ullrich. «El público nos espera. Los jóvenes tenemos una gran responsabilidad. No se puede trabajar como en la vieja escuela», lanzó al bajar del podio. El primero de sus mandamientos. Abajo, Lanzaluze boqueaba, respiraba el aire de los aplausos que por un momento creyó suyos. Pero no. Otra vez, no. Impuntual.

Hoy, en Tignes, Vinokourov y Kloden volverán a ventilar sus heridas. Arriba les espera una cruz. Valverde, Contador, Sastre, Mayo, Zubeldia, Pereiro, Leipheimer Evans, Rasmussen, Gusev, Rogers, Moreau y Schleck dirán si es para crucificarles o para resucitarles. Ayer no quisieron.

Eterno segundo

«La recta final ha sido más dura que el puerto». Landaluze entró hueco. Segundo otra vez. Como en la etapa de la Vuelta 2006 que acabó en Burgos. Como el día de la Euskal Bizikleta que le quitó Horrillo. Aún no tiene la victoria que su clase merece. De hecho, en su único triunfo, la general del Dauphiné 2005, tampoco se colgó ninguna etapa. Clavado en el número 2. De nuevo junto a una valla lamentándose. «Estoy muerto». El aliento mugía. La fatiga le callaba, le entrecortaba. «Soy el eterno segundo».

Balanceaba la cabeza entre jadeos. «Me falta un punto de suerte». Y una tonelada de fuerza. «He llegado pajarón». Blando. Troceado por la cercanía del éxito. Tan próximo a la tercera victoria del Euskaltel en la historia del Tour: Laiseka en 2001 (Luz Ardiden) y Mayo en 2003 (Alpe d'Huez). Landaluze renegaba de su fortuna: «Como en aquella etapa del Tour en que iba escapado con Simeoni. Nos cogieron a veinte metros de la meta». Fue en Gueret, en 2004. Nadie les dijo que la boca del pelotón les comía. Cayeron mientras dormían. «Otra vez al palo», maldice.

El Euskaltel apadrinó el debut alpino. «Yo he estado desde el principio en las fugas». En todas. Y por eso se colocó en la buena. No lo dejó para el azar.

 
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