No es un secreto que a Woody Allen le apasiona el secretismo en sus películas. Su carácter tímido y un tanto excéntrico han hecho de él el típico director de cine presa de sí mismo, angustiado por controlar todo lo que pasa a su alrededor. No ha mucho que ha comenzado el rodaje de su nueva película por tierras catalanas y el pasado miércoles un asturiano puso a disposición del gran Allen su velero.
El capitán de barco Bill Basagoiti, asturiano de 35 años, fue tocado por la varita mágica de los privilegiados. Su velero, el 'Odissea', fue elegido por la productora para rodar varias secuencias en el puerto de Barcelona. ¿Quién le iba a decir a este asturiano que sus estudios de marinero en la Casa del Mar de Gijón le abrirían las puertas de la alfombra roja hollywoodiense? El 'Odisea' recorrerá el mundo en gran pantalla a partir del próximo año, y Basagoiti aún no da crédito.
A pesar de que el enigma envuelve el rodaje, Basagoiti ha desvelado algunos secretos a EL COMERCIO. Habla entusiasmado, como un niño con zapatos nuevos: «Nunca había visto nada así. Era todo tan profesional que asustaba un poco». Y no era para menos. Los 23 metros del 'Odissea' se llenaron en segundos de cámaras, cables, micrófonos, pantallas reflectantes y decenas de técnicos atentos a las órdenes de Allen. «Se nota que es un profesional, ¿es increíble! Lo tiene todo controlado, aunque improvise sobre la marcha». Amante de las peripecias humorísticas de los Hermanos Marx o Bob Hope como de las películas de Federico Fellini o Ingmar Bergman, el director neoyorquino trasciende la pantalla y Basagoiti no tiene claro si «él mismo es uno de esos personajes que tantas veces he visto en el cine. Aunque me ha sorprendido su timidez, la verdad». A pesar de todo, Allen es todo un caballero repite el capitán del 'Odissea' y eso «se nota en el buen ambiente del rodaje»
Ha sido la primera vez que Basagoiti se veía metido en una de éstas, pero repetiría con gusto, el gusanillo del cine le ha picado. Poder estar de tú a tú con una de las estrellas que más pasiones levanta en la actualidad, Scarlett Johansson, es un regalo de los dioses y lo sabe. Podrá presumir delante de sus amigos y contar a sus nietos que un día compartió tertulia con la nueva Marilyn. «Me sorprendió su condición camaleónica. Cuando subió al barco pensé: 'vaya, una americana más', pero no, delante de la cámara se transforma. Ahora entiendo por qué la consideran una de las mejores actrices del momento». Algunos tienen suerte, como él, otros deberán conformarse con seguir soñando.
Pero no todo fue un camino de rosas. La repetición constante de escenas llegó a cansar un 'pelín' a este lobo de mar. Desde las 12 del mediodía hasta las seis de la tarde, Allen no encontraba a veces el momento de dar por buena alguna de las tomas. Basagoiti, sin rechistar, conducía el barco desde el puerto a escasos metros mar adentro. «Una escena que repetimos mucho fue cuando uno de los actores invitaba a Scarlett a una copa de cava. Allen le pedía que pusiera más fuerza en la frase. ¿Véte tú a saber qué es eso!».
Y entre toma y toma nuestro 'espía' se esforzaba en averiguar de qué va la película aunque el resultado seguía siendo el mismo: mutis total. Nadie soltaba prenda, ni siquiera el propio Allen con quien Basagoiti estuvo charlando varias veces y hasta se sacó una foto. «Solamente se subía al barco cuando atracábamos, es que no sabe navegar. Supervisaba las tomas desde tierra. Es un poco reservado la verdad, un tanto peculiar, pero un buen tío». Esto mismo deben pensar los actores, lo del buen tío, porque no dudan en dejarlo todo por aparecer en una de sus películas aunque sea haciendo un cameo. Habrá que preguntar a Penélope y a Javier a ver qué se siente al rodar con el gran Allen.
Invento diabólico
Una vez definieron el cine como el invento del diablo y, aunque de diabólico tenga poco, es verdad que para los iniciados puede llegar a ser una maldición de Lucifer. Aunque quien prueba una vez su veneno es difícil que lo deje. Bill Basagoiti ha saboreado el gusanillo del rodaje, y a pesar de que no cambiaría su brújula por una claqueta, no descarta participar en otros rodajes. Quién sabe, hace unos meses no hubiera imaginado verse en estas vicisitudes, y ahora lleva mar a dentro a Scarlett.
Un contacto con un amigo suyo, productor de la película, le abrió las puertas a esta nueva aventura y está encantado. «Había más ofertas, pero finalmente se decidieron por el 'Odissea' y estamos que aún no nos lo creemos. Esto no pasa todos los días». Junto con otros tres tripulantes, Basagoiti aún viaja en una nube y le costará tiempo olvidar ese día. Desde 1994, con otros socios, es propietario de un barco estadounidense y con él realiza viajes por el Mediterráneo para grupos y familias españolas, principalmente, «aunque últimamente también realizamos algunas excursiones con rusos, pero menos». Baleares o la Costa Brava son algunas de las travesías que ofrece su compañía y ahora en verano es difícil encontrar un hueco en la agenda. «Los cruceros están de moda y eso es bueno». Basagoiti se ha dado cuenta de algo, que el cine como el mar engancha o se odia, y el miércoles comprobó que el equipo de Allen «quiere profundamente su profesión».
Una al año
Allen es uno de los pocos cineastas capaces de rodar una película al año. Desde 1965 lleva detrás y delante de la cámara más de cuarenta películas en su haber. Muchos dicen que en la última década ya no tiene nada que contar, pero este genial director-guionista-actor todavía tiene historias que bullen sin cesar en su cabeza. Sus tres últimas películas, 'Melinda y Melinda' (2004); 'Match point' (2005), y 'Scoop' (2006) nos han devuelto al genial creador de 'El dormilón' (1973); 'Annie Hall' (1977), y 'Manhattan' (1979) o las más actuales 'Poderosa Afrodita' (1995) y 'La maldición del escorpión de Jade' (2001).
Más amigo de su clarinete que de los premios, en 2002 se saltó las normas y acudió a Oviedo para recibir el Príncipe de Asturias de las Artes. Desde ese momento, no es un secreto la pasión que Allen siente por el Principado, semejante a la que siente por Manhattan y Barcelona. Sea por esto o por ese misterio y mutismo que envuelve al cineasta, quizá no sea la última vez que Asturias ponga escenarios a una de las genialidades del director. Todo es posible en la cabeza de Allen.