
LA FORMACIÓN
El género se nutrió de bandas imprescindibles en la historia del rock como King Crimson, Pink Floyd; Emerson, Lake & Palmer; Camel, Moody Blues, Yes, los primeros Genesis o incluso Jethro Tull en su vertiente más folk-rock. Todos ellos compartían algunas afinidades estéticas, pero al mismo tiempo con una personalidad muy acentuada. El despectivo término 'dinosaurio' comenzó a utilizarse con ellos, aunque más que por la longevidad, estos grupos se caracterizaron por una fecundidad de roedores.
Desde entonces, el rock progresivo ha vivido renacimientos intermitentes con bandas muy dignas como Marillion o aquel supergrupo de laboratorio, Asia, formado por gente de E,L&P, King Crimson y Yes. En España, el estilo se coló principalmente por el sur, o con aquel grupo de Torrelavega llamado Bloque. Y en Asturias, los pioneros fueron grupos como Asturcón o Crack.
Uno de los representantes actuales del género en Asturias es Senogul, que acaba de editar con Mylodon Records su segundo disco homónimo y prácticamente instrumental. Desde el arranque, comprobamos ya el protagonismo del pianista Eduardo García Salueña, el 'Keith Emerson asturiano' (miembro también de grupos como Cuac! y Edwin Moses). Los teclados y los sintetizadores son esenciales en la concepción de este estilo.
Senogul es un grupo deudor de King Crimson, cuyo espíritu sobrevuela todo el álbum, pero no sólo de la etapa más clásica de la 'troupe' del guitarrista Robert Fripp, sino también de la formación de los ochenta, con Adrian Belew y aquella prodigiosa trilogía multicolor ('Beat', 'Discipline' y 'Three a perfect pair'). Las guitarras del tema 'Microcosmos blues' son un buen ejemplo de ese influjo del Rey Carmesí. Y en el tema 'Agua, fuego & porexpán', la sección de viento juega con el resto a reproducir el momento culminante del histórico tema '21 century schizoid man', del primer disco de King Crimson. Este corte es una de las cimas del trabajo Senogul.
Pero también apreciamos el bagaje de gente que ha escuchado con fruición a E,L&P, Santana, John McLaughlin, Camel o Pat Metheny. Hay dos títulos con juegos de palabras que homenajean al grupo jazz-rock Mahavishnu Orchestra y al disco más famoso de la banda alemana de kraut-rock, Can, respectivamente: 'La Maha Vishnuda' y 'Tango mango', otra joya de la corona de 'Senogul'.
El rock progresivo es un género que no está al alcance de cualquier músico neófito. Se trata de un estilo que bebe del jazz-rock y de la música clásica, y que requiere unos conocimientos musicales notables. Y una vez que se tienen los argumentos, después hay que hacerlo sonar bien y, muy importante, conseguir que no aburra. Porque el mayor riesgo de esta música es que puede llegar a resultar recargada o espesa.
La fórmula elegida por Senogul es la fusión. Ningún tema pertenece a un estilo puro, todos están exquisitamente contaminados. Igual meten una gaita que le dan al rock andaluz o al tango. En la balada 'Travesía de gaviotas' sueltan lastres al modo de Camel. El disco se abre, se cierra y se da un respiro intermedio con una variación del mismo tema 'Dr Gull', en otro guiño a aquellos extensos discos conceptuales de los 70.
Banda solvente
La primera escucha del disco de Senogul tal vez resulte un poco densa. Los detalles se acumulan como en un párrafo de García Márquez. Y uno puede quedarse sin respiración acostumbrado ya a la música fast 'food'. Pero a partir del segundo 'Play', comienza el festín, porque estamos ante una banda muy solvente -esa guitarra solista- y colaboradores con pedigrí, entre ellos el Coro Melsos, dirigido por Adriana Cristina García.
Los buenos discos de rock sinfónico, aparte de destilar siempre un toque mágico, tienen otra poderosa virtud. Y es que cada escucha engrandece a la anterior. Justamente lo que nos sucede con Senogul.





