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Opinión

UNA DE DOS
Podridos de dinero Grandes fortunas Ambos articulistas reflexionan sobre la lista de los hombres más ricos del mundo, según la revista 'Forbes'

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AL pobre Bill Gates lo han descabalgado del primer puesto de la lista de hombres más ricos del mundo. Ahora, el magnate de la informática, y culpable de que crear un monopolio a partir de un sistema operativo infumable, ha caído al tercer lugar porque sólo tiene 58.000 millones de dólares. ¿Se lo pueden creer? ¿Pobre Bill Gates! Yo he estado a punto hasta de reventar mi hucha del cerdito para ayudarle con una limosnita. La pena es que me gasté todos mis ahorros en empapelar los pilares del puente debajo del que vivo -los lectores habituales ya lo sabrán de anteriores entregas-, con lo que el desdichado Bill deberá mantenerse en el escalón más bajo del podio. No hay derecho, de verdad.

Por encima del señor Gates se han colado dos inversores, con lo que podemos concluir que lo que te hace rico, hoy en día, es especular con el dinero ajeno. Pero, en fin, no es tiempo de reflexiones metafísicas, ni de lamentar no ver a uno mismo en ese listado. Yo, de pequeño, quería ser rico hasta dar asco, y puedo afirmar que he conseguido el cincuenta por ciento de mis propósitos (pero no el de ser rico).

Dejando a un lado aspiraciones personales, hacer competición de potentados nos debería resultar hasta obsceno. Pero no deja de ser una de esas listas estúpidas que proliferan para llenar páginas en días de tedio: las famosas peor vestidas, los divorcios más caros o las legañas más visibles. No sé si bajar al tercer lugar en una lista de los más ricos es motivo suficiente para cortarse las venas o, por el contrario, de dejárselas largas. Si repartieran dividendos por hacerles la pelota, tendría un pase, pero no. Con todo, puedo concluir que me importa un bledo si el señor Mittal es quinto o el señor Ikea sube gracias a los muebles de nombre impronunciable y montaje imposible. Vamos, que el que estos señores sean más ricos unos que otros no me quita el sueño. (Bueno, vale, cuando el señor Ikea se aprieta el cinturón, sus camas, un poco sí que me impiden dormir). Así que, de momento, no me voy a echar al monte por la pérdida del primer puesto de Bill Gates. Eso sí, si me hago rico, prometo echarle al monte a él para darle las 'gracias' por tantos años de problemas informáticos.

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