L A historia de Gijón, desde mediados del pasado siglo, se ha visto acrecentada por ese gran monumento que alza su maravillosa silueta en el valle de Cabueñes, el cual revela el espíritu de una generación anterior que quiso poner de manifiesto que la cultura no era privativa de los poderosos. Fueron años de ingente labor, primero, para la compra de terrenos; luego, para determinar quién habría de ser el artista capaz de dibujar los planos, y más tarde, dirigir y esculpir las obras y elevar al cielo lo que habría de constituir la edificación española más hermosa, suntuosa y a la vez accesible del siglo XX: la Universidad Laboral.
Nació con vocación de servir a la enseñanza y a la cultura y de ello dio buena prueba de cumplimiento, cuando, a través de toda la geografia española, millares de jóvenes, que hoy peinan canas, son, a modo de juglares, cantores expresivos de cuanto el espíritu que reinaba en el magno edificio caló hondamente en sus corazones, abriendo expectativas profesionales de todo tipo, que en aquel tiempo, sin su asentamiento, hubieran sido casi imposibles de poseer. Pintores, poetas, escritores y técnicos han hecho el panegírico de la Universidad Laboral, asombrados de su belleza y gallardía y la de su entorno, y en ella hallaron inspiración profunda para cantar cuanto su espíritu era capaz de recibir, desde su posición, a manera de historiadores.
Una vez descrita esta primera parte, casi homérica, con la que siempre me identifico al hablar de 'mi pueblo', paso a reseñar otros asuntos que le atañen, desde luego más prosaicos, pero merecedores de atención. El primero tiene como base los atentados contra la edificación. Recientemente, se han producido taladros en el mármol del hall del teatro, que han pillado perplejos a los miembros del Colegio de Arquitectos gijonés, quienes, además, suman indignación, ya que, a su parecer, «es desacertado que una manifestación cultural, no respete componentes de igual signo ya existentes». Me pregunto: si un simple taladro supone una actuación irresponsable dentro del contexto de lo que significan los elementos que lo integran, ¿que podríamos decir de lo ya realizado en otros lugares, uno de ellos, por ejemplo, dentro de lo que constituía el gran salón de actos en zona de dirección -lo que los universitarios denominábamos la ONU-, con su excepcional mesa circular de una sola pieza, convertido hoy en despacho? ¿Y lo que se pretende llevar a efecto, con la construcción de los 102 minipisos, que, independientemente de anomalías administrativas detectadas, interiormente sí va a resultar dañada por la edificación de una colmena, innecesaria a todas luces, cuando lo natural sería un colegio mayor o residencia de estudiantes? ¿Y las llevadas a cabo en el interior del teatro, tapando el fresco frontal, verdadera maravilla de la pintura moderna? ¿Y las realizadas para acomodar la iglesia, u otras zonas nobles, como el antiguo convento de las Clarisas, o la de instalación de un hotel?
M e resulta dificil acceder a planos de las obras pretendidas, así como interpretarlos. De ahí que, en mi constante seguimiento de este caso, apele a la disposición del Colegio de Arquitectos y organismos a quienes pueda interesar para que se solicite, formalmente, un estudio tendente a ilustramos si lo realizado se halla dentro de las previsiones de la ley y si lo que se programa -construcción de minipisos, hotel y otros- pueden permitirse, siendo como es 'la Uni' edificación altamente protegida. Con evidencias en el sentido que fuere, habría, al menos, claridad en las actuaciones.