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JORGE BELARMINO FERNÁNDEZ TOMÁS ESCRITOR SU PAPEL EN ASTURIAS MEMORIA HISTÓRICA

El nieto del histórico sindicalista minero explora su itinerario y figura en el libro 'Buscando a Belarmino Tomás'

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«Mi abuelo apenas sintió el trauma del exilio, pensaba en el retorno que no pudo ser »
Jorge Belarmino Fernández Tomás. / P. UCHA
Nacido en en la ciudad de México, en 1949, Jorge Belarmino Fernández Tomás, como puede deducirse fácilmente, pertenece a la segunda generación que se hizo ultramarina tras el exilio español que propagó la guerra civil. Claro está, es nieto del histórico sindicalista Belarmino Tomás, a cuya figura dedica el libro presentado en la Semana Negra, 'Buscando a Berlarmino Tomás', un texto que a juicio del propio autor podría considerarse una primera aproximación personal a quien fue presidente del Consejo de Asturias y León antes de que el ejército franquista tomara los últimos bastiones asturianos, en 1937.
-¿Tiene recuerdos particulares de su abuelo?
-De los pocos recuerdos que tengo anteriores a los tres años, está la visita que le hice cuando sufrió el infarto que acabaría finalmente con su vida. Es una estampa clarísima, el pasillo largo y la habitación en la que no me atrevía a entrar.
-¿Qué significado tuvo su personalidad en el terreno familiar?
-Para mi madre, siempre fue tanto la cercanía como el mito. Y eso me ha quedado a mi también, consciente o inconscientemente.
-¿De qué modo se planteó el abordaje del libro?
-Como un nieto que explora el itinerario recorrido por un abuelo. No pretende ser una biografía. En el año 1976, estuve un año en Asturias buscando documentación complementaria. Y me fui demorando, hasta que este año la terminé en dos meses. Reconozco que el libro tiene limitaciones, permitiría ahondar más e introducir una mayor libertad creativa. Hay momentos en los que se consigue. En cualquier caso, aspiro a que no sólo sea un retrato de Belarmino Tomás, sino de su generación, que está en el origen de la clase obrera asturiana.
-¿Cuál era el carácter de un hombre que participó en la huelga general de 1917, en la revolución del 34 y en la guerra civil hasta el final?
-A los diez u once años, ya se enfrentó a la mujer del médico que maltrataba a su hermana Paz, quien trabajaba en aquella casa. No le importó que la familia se quedara sin esos ingresos, a pesar de que padecían grandes apreturas. Eso le define. Como cuando se enamoró de quien sería su mujer, Severina Vega, una campesina de Gargantada (Langreo) que le consideraba feísimo, aparte de que los mineros estaban mal vistos. No se le puso nada por delante. La conquistó y creo que desde ese día pensó que ya no existiría ningún obstáculo insalvable.
-¿Cuál fue su papel en el 17 y el 34?
-Era el hombre de confianza de Manuel Llaneza. El hombre de acción, que además conocía muy bien los vericuetos de las montañas y era capaz de convertirse en una especie de sombra. Era un gran organizador.
-Fueron famosos los 'belarminos', aquellos billetes con su firma que dejaron de tener valor tras la derrota republicana...
-En la familia, no se hablaba de esas cosas. En realidad, a diferencia de otros exiliados, mi abuelo nunca sintió el trauma del exilio. Tal vez porque continuó siendo dirigente del gobierno republicano en el exterior y por su idiosincrasia, nunca creyó que iba a quedarse a perpetuidad en México. Confiaba en el retorno, que ya no pudo ser tras morir en 1950.
-La Semana Negra plantea en esta edición una reflexión sobre la guerra civil, setenta años después de su conclusión. No sé si sabrá que en España está sometida a debate esa memoria histórica...
-Lo que tengo claro es que en 1939 se truncó un proyecto luminoso, para la historia democrática y para la cultura española. Y que todavía no nos hemos recuperado de esa pérdida. Desde luego, una sociedad no puede sustentarse sin memoria.

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